La madurez es una chapuza, un parche triste y mal cosido que conduce a
la amargura. Se nos educa para contener el sentimiento y evitar su
exteriorización, habrá que dominarla y almacenarla para utilizarla más
tarde de manera sintética: hay que fingir alegría, ocultar el enfado,
omitir el deseo, la rabia, el hambre, hay que esconder la agresividad.
La madurez produce ansiedad, neurosis e incluso cáncer. Algo peor: la
madurez te afea.
Los niños viven en un estado de consciencia plena que envidio y
admiro e intento replicar; atentos a lo que pasa, cada segundo,
reaccionan con una naturalísima asertividad. Los niños, son pequeños
psicópatas, creativos, divertidísimos, capaces de agredirte por una
piruleta, dispuestos a entregarte impúdicamente todo su amor si les
gusta tu pelo o como hueles. Los niños te abrazan con los brazos y las
piernas. Los niños reconocen a la gente que vale. Ellos saben quién
tiene swing…
Texto completo en: http://samyroad.com/posts/1861-superyo-gato
sábado, 18 de mayo de 2013
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



