domingo, 10 de noviembre de 2013

Amor romántico.


"La sociedad está preparada para que nos juntemos de dos en dos, no de seis en seis o de cualquier otra forma, así también somos más fácilmente controlables. Si pretendes establecer otro tipo de familia, incluso una pareja con otros valores, perturbas totalmente la estructura de la sociedad."


http://www.eldiario.es/sociedad/felices-comieron-perdices_0_100790238.html



Los espacios.

Llevaba un tiempo observando con cierta atención todos los rincones de los lugares que recorría en su quehacer diario.

http://danielmoyano.net/ccad/el-espejo/

sábado, 13 de julio de 2013

¿Cuántos caminos hasta el beso?

...¿cuántos pasos al azar rendidos?
Yo intento atar mis pies a tu sombra,
seguir tu andar, tener de tus labios mi abrigo,
cuántas huellas que van creciendo como latidos
y palpitan en dos corazones que son una sola boca.

He tenido besos y me han perdido besos,
dos, tres besos, y un laberinto hecho de cuerpos.
He tenido besos y me han perdido besos,
tu pecho, nuestros pechos, uno sólo hecho cielos.

Y tu boca es ese cielo,
tu boca es una noche en el rostro de la luna,
y tu beso es un abismo para todos mis besos
y su hondo arcano es en verdad dulce altura.
Tú conviertes lo cierto en laberinto,
de ti las estrellas hacen espejo su brillo,
y yo que la vida anduve de oscura runa,
y tú que eres faro que anuda todos mis caminos.

- Jacques Pierre

sábado, 18 de mayo de 2013

La infancia es la patria del ser humano

La madurez es una chapuza, un parche triste y mal cosido que conduce a la amargura. Se nos educa para contener el sentimiento y evitar su exteriorización, habrá que dominarla y almacenarla para utilizarla más tarde de manera sintética: hay que fingir alegría, ocultar el enfado, omitir el deseo, la rabia, el hambre, hay que esconder la agresividad. La madurez produce ansiedad, neurosis e incluso cáncer. Algo peor: la madurez te afea.
Los niños viven en un estado de consciencia plena que envidio y admiro e intento replicar; atentos a lo que pasa, cada segundo, reaccionan con una naturalísima asertividad. Los niños, son pequeños psicópatas, creativos, divertidísimos, capaces de agredirte por una piruleta,  dispuestos a entregarte impúdicamente todo su amor si les gusta tu pelo o como hueles. Los niños te abrazan con los brazos y las piernas. Los niños reconocen a la gente que vale. Ellos saben quién tiene swing…

Texto completo en: http://samyroad.com/posts/1861-superyo-gato



 

jueves, 25 de abril de 2013

Un segundo.

Dicen que en un año pueden cambiar muchas cosas. O en un mes. O en una semana.
No saben el poder de un simple segundo.
Un inusual segundo, como todos los segundos.
El segundo en el que algo te hace girarte y mirar por la ventana de un taxi.
El segundo en el que ves por primera vez a aquella persona que vivía a mil kilómetros.
El segundo en el que decides frenar tu coche para bajar corriendo y darle un abrazo a esa persona.
O el segundo en el que decides no frenarlo.

Un segundo... Un segundo puede cambiar una vida.
De hecho, todos los segundos de nuestras vidas nos cambian.
Ese segundo, ese preciso segundo en el que cruzas una acera y te encuentras a alguien a quien no veías desde hacía meses. O años. Alguien que no habías podido olvidar en meses. O años. Ese segundo. Ese encuentro que no habría existido si tú hubieses dado un paso en otra dirección. Si 5 minutos antes, hubieses tropezado y no hubiéseis coincido en aquella esquina. Si dos horas antes hubieses perdido un autobús, o hubieses, simplemente, decidido no ir a aquel lugar.
Todo. Todo lo cambia un segundo.
Nuestras vidas están limitadas por nuestras decisiones.

Y,
lo que
pocas
personas
saben
es

que

esas

decisiones

las tomamos, siempre,

siempre,


en


un


sólo


segundo.







martes, 1 de enero de 2013

Y otro 2012.

2012
2012
2012.

Se terminó.
2012 fue, para mí, un año de principios.
Un año de muchos principios.
Fue el año del saco de dormir, en el que dormí aquella primera noche de enero, y el cual me acompañó en más ocasiones de las que me hubiese gustado.

Fue el año del gran fracaso académico. Tiré piedras sobre mi propio tejado, el cual acabó cayendo sobre mí, entrentándome a una realidad que no quise aceptar. Y esa huída tuvo sus consecuencias.

Al poco de empezar el año, conocí a un inmenso grupo de personas con las que he estado compartiendo más momentos de los que me habría imaginado. Cambiaron mi presente y ojalá sigan cambiando mi futuro. Y el de mucha gente.

Tal y como reflexioné hace algunos días, prácticamente todas las personas con las que hablo a diario las he conocido este año. Ha sido, sin duda, un gran año de comienzos.
Fue el año del poder, me di cuenta de lo que puede hacer en las personas, de lo que podía hacer en mí. Fue el año de la revolución sexual, de las verdades a la cara, de la aceptación, pero también de la lucha. Fui testigo, y orgullosamente partícipe, de muchos grandes pasos. Descubrí que mi granito de arena podía formar un gran desierto. Me sentí mejor y me sentí dentro de una gran cadena de grandes acciones, que es la solidaridad. Porque cuando empiezas a interesarte por lo que te rodea, y empiezas a sentirte bien por tus actos, éstos te llevan a seguir hacia más y más caminos. Te llevan a querer resolver más y más problemas. Me sentí satisfecha, pero, afortunadamente, nunca conforme.

En el momento perfecto, cuando todo parecía caer por su propio peso y por mis supuestas malas decisiones, a mediados de agosto, tuve el placer de conocer a 8 personas con las que compartí, al igual que con las anteriores de febrero y marzo, más momentos felices de los que habría imaginado. 8 personas dispuestas a entablar conversaciones interesantes, eternas, amables. Inolvidables.

Fue el año en el que descubrí que no necesitas viajar miles de kilómetros para sentirte extremadamente lejos de tu hogar. De hecho, fue el primer año desde hacía varios, que no salí al extranjero y, sin embargo, en el lugar al que fui, llegué a sentirme realmente fuera de sitio. He cruzado mares y cogido aviones, he convivido con personas que, aún viniendo de exóticos países, me hicieron sentir querida, me hicieron sentir una más de su grupo. Pero este verano -no, pongamos distancia-... Aquel verano no fue así. El verano de 2012, recordado como el verano que me rompió en dos. O en tres... El verano del cubo de agua fría en la cara.
2012 fue el año en que verdaderamente me di cuenta de que las cosas pasan por algo porque NO sirve de nada arrepentirse si no sabes ponerle remedio en el futuro.
Las cosas pasan para que aprendamos de ellas.
No me arrepiento de nada de lo que hice en 2012. Nada. Porque sé que todo me sirvió para crecer, todo me hizo reflexionar. Me hizo más fuerte.
En 2012 tuve la "suerte" de conocer profundamente cómo eran muchas de las personas que me rodeaban, pero más intensamente, tuve el placer de conocerme a mí misma. Vi quién era yo, pero sobre todo, vi quién NO era.

Quiero quedarme con lo bueno, pero no olvidaré tampoco lo malo. Porque lo bueno trae felicidad, pero lo malo trae experiencia. Y 2012 fue el año de las experiencias. Fue el año de los trenes, del dubstep, de los grupos de whatsapp.

Fue el año del saco de dormir, en el que dormí aquella primera noche de enero, y el cual espero que siga acompañándome en muchas y mejores noches de este 2013.


La suerte es una actitud.
No esperes tu oportunidad, créala tú misma.