Llevaba un tiempo observando con cierta atención todos los rincones de los lugares que recorría en su quehacer diario.
http://danielmoyano.net/ccad/el-espejo/
domingo, 10 de noviembre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
sábado, 13 de julio de 2013
¿Cuántos caminos hasta el beso?
...¿cuántos pasos al azar rendidos?
Yo intento atar mis pies a tu sombra,
seguir tu andar, tener de tus labios mi abrigo,
cuántas huellas que van creciendo como latidos
y palpitan en dos corazones que son una sola boca.
He tenido besos y me han perdido besos,
dos, tres besos, y un laberinto hecho de cuerpos.
He tenido besos y me han perdido besos,
tu pecho, nuestros pechos, uno sólo hecho cielos.
Y tu boca es ese cielo,
tu boca es una noche en el rostro de la luna,
y tu beso es un abismo para todos mis besos
y su hondo arcano es en verdad dulce altura.
Tú conviertes lo cierto en laberinto,
de ti las estrellas hacen espejo su brillo,
y yo que la vida anduve de oscura runa,
y tú que eres faro que anuda todos mis caminos.
- Jacques Pierre
sábado, 18 de mayo de 2013
La infancia es la patria del ser humano
La madurez es una chapuza, un parche triste y mal cosido que conduce a
la amargura. Se nos educa para contener el sentimiento y evitar su
exteriorización, habrá que dominarla y almacenarla para utilizarla más
tarde de manera sintética: hay que fingir alegría, ocultar el enfado,
omitir el deseo, la rabia, el hambre, hay que esconder la agresividad.
La madurez produce ansiedad, neurosis e incluso cáncer. Algo peor: la
madurez te afea.
Los niños viven en un estado de consciencia plena que envidio y admiro e intento replicar; atentos a lo que pasa, cada segundo, reaccionan con una naturalísima asertividad. Los niños, son pequeños psicópatas, creativos, divertidísimos, capaces de agredirte por una piruleta, dispuestos a entregarte impúdicamente todo su amor si les gusta tu pelo o como hueles. Los niños te abrazan con los brazos y las piernas. Los niños reconocen a la gente que vale. Ellos saben quién tiene swing…
Texto completo en: http://samyroad.com/posts/1861-superyo-gato
Los niños viven en un estado de consciencia plena que envidio y admiro e intento replicar; atentos a lo que pasa, cada segundo, reaccionan con una naturalísima asertividad. Los niños, son pequeños psicópatas, creativos, divertidísimos, capaces de agredirte por una piruleta, dispuestos a entregarte impúdicamente todo su amor si les gusta tu pelo o como hueles. Los niños te abrazan con los brazos y las piernas. Los niños reconocen a la gente que vale. Ellos saben quién tiene swing…
Texto completo en: http://samyroad.com/posts/1861-superyo-gato
jueves, 25 de abril de 2013
Un segundo.
Dicen que en un año pueden cambiar muchas cosas. O en un mes. O en una semana.
No saben el poder de un simple segundo.
Un inusual segundo, como todos los segundos.
El segundo en el que algo te hace girarte y mirar por la ventana de un taxi.
El segundo en el que ves por primera vez a aquella persona que vivía a mil kilómetros.
El segundo en el que decides frenar tu coche para bajar corriendo y darle un abrazo a esa persona.
O el segundo en el que decides no frenarlo.
Un segundo... Un segundo puede cambiar una vida.
De hecho, todos los segundos de nuestras vidas nos cambian.
Ese segundo, ese preciso segundo en el que cruzas una acera y te encuentras a alguien a quien no veías desde hacía meses. O años. Alguien que no habías podido olvidar en meses. O años. Ese segundo. Ese encuentro que no habría existido si tú hubieses dado un paso en otra dirección. Si 5 minutos antes, hubieses tropezado y no hubiéseis coincido en aquella esquina. Si dos horas antes hubieses perdido un autobús, o hubieses, simplemente, decidido no ir a aquel lugar.
Todo. Todo lo cambia un segundo.
Nuestras vidas están limitadas por nuestras decisiones.
Y,
lo que
pocas
personas
saben
es
que
esas
decisiones
las tomamos, siempre,
siempre,
en
un
sólo
segundo.
No saben el poder de un simple segundo.
Un inusual segundo, como todos los segundos.
El segundo en el que algo te hace girarte y mirar por la ventana de un taxi.
El segundo en el que ves por primera vez a aquella persona que vivía a mil kilómetros.
El segundo en el que decides frenar tu coche para bajar corriendo y darle un abrazo a esa persona.
O el segundo en el que decides no frenarlo.
Un segundo... Un segundo puede cambiar una vida.
De hecho, todos los segundos de nuestras vidas nos cambian.
Ese segundo, ese preciso segundo en el que cruzas una acera y te encuentras a alguien a quien no veías desde hacía meses. O años. Alguien que no habías podido olvidar en meses. O años. Ese segundo. Ese encuentro que no habría existido si tú hubieses dado un paso en otra dirección. Si 5 minutos antes, hubieses tropezado y no hubiéseis coincido en aquella esquina. Si dos horas antes hubieses perdido un autobús, o hubieses, simplemente, decidido no ir a aquel lugar.
Todo. Todo lo cambia un segundo.
Nuestras vidas están limitadas por nuestras decisiones.
Y,
lo que
pocas
personas
saben
es
que
esas
decisiones
las tomamos, siempre,
siempre,
en
un
sólo
segundo.
jueves, 4 de abril de 2013
martes, 1 de enero de 2013
Y otro 2012.
2012
2012
2012.
Se terminó.
2012 fue, para mí, un año de principios.
Un año de muchos principios.
Fue el año del saco de dormir, en el que dormí aquella primera noche de enero, y el cual me acompañó en más ocasiones de las que me hubiese gustado.
Fue el año del gran fracaso académico. Tiré piedras sobre mi propio tejado, el cual acabó cayendo sobre mí, entrentándome a una realidad que no quise aceptar. Y esa huída tuvo sus consecuencias.
Al poco de empezar el año, conocí a un inmenso grupo de personas con las que he estado compartiendo más momentos de los que me habría imaginado. Cambiaron mi presente y ojalá sigan cambiando mi futuro. Y el de mucha gente.
Tal y como reflexioné hace algunos días, prácticamente todas las personas con las que hablo a diario las he conocido este año. Ha sido, sin duda, un gran año de comienzos.
Fue el año del poder, me di cuenta de lo que puede hacer en las personas, de lo que podía hacer en mí. Fue el año de la revolución sexual, de las verdades a la cara, de la aceptación, pero también de la lucha. Fui testigo, y orgullosamente partícipe, de muchos grandes pasos. Descubrí que mi granito de arena podía formar un gran desierto. Me sentí mejor y me sentí dentro de una gran cadena de grandes acciones, que es la solidaridad. Porque cuando empiezas a interesarte por lo que te rodea, y empiezas a sentirte bien por tus actos, éstos te llevan a seguir hacia más y más caminos. Te llevan a querer resolver más y más problemas. Me sentí satisfecha, pero, afortunadamente, nunca conforme.
En el momento perfecto, cuando todo parecía caer por su propio peso y por mis supuestas malas decisiones, a mediados de agosto, tuve el placer de conocer a 8 personas con las que compartí, al igual que con las anteriores de febrero y marzo, más momentos felices de los que habría imaginado. 8 personas dispuestas a entablar conversaciones interesantes, eternas, amables. Inolvidables.
Fue el año en el que descubrí que no necesitas viajar miles de kilómetros para sentirte extremadamente lejos de tu hogar. De hecho, fue el primer año desde hacía varios, que no salí al extranjero y, sin embargo, en el lugar al que fui, llegué a sentirme realmente fuera de sitio. He cruzado mares y cogido aviones, he convivido con personas que, aún viniendo de exóticos países, me hicieron sentir querida, me hicieron sentir una más de su grupo. Pero este verano -no, pongamos distancia-... Aquel verano no fue así. El verano de 2012, recordado como el verano que me rompió en dos. O en tres... El verano del cubo de agua fría en la cara.
2012 fue el año en que verdaderamente me di cuenta de que las cosas pasan por algo porque NO sirve de nada arrepentirse si no sabes ponerle remedio en el futuro.
Las cosas pasan para que aprendamos de ellas.
No me arrepiento de nada de lo que hice en 2012. Nada. Porque sé que todo me sirvió para crecer, todo me hizo reflexionar. Me hizo más fuerte.
En 2012 tuve la "suerte" de conocer profundamente cómo eran muchas de las personas que me rodeaban, pero más intensamente, tuve el placer de conocerme a mí misma. Vi quién era yo, pero sobre todo, vi quién NO era.
Quiero quedarme con lo bueno, pero no olvidaré tampoco lo malo. Porque lo bueno trae felicidad, pero lo malo trae experiencia. Y 2012 fue el año de las experiencias. Fue el año de los trenes, del dubstep, de los grupos de whatsapp.
Fue el año del saco de dormir, en el que dormí aquella primera noche de enero, y el cual espero que siga acompañándome en muchas y mejores noches de este 2013.
La suerte es una actitud.
No esperes tu oportunidad, créala tú misma.
2012
2012.
Se terminó.
2012 fue, para mí, un año de principios.
Un año de muchos principios.
Fue el año del saco de dormir, en el que dormí aquella primera noche de enero, y el cual me acompañó en más ocasiones de las que me hubiese gustado.
Fue el año del gran fracaso académico. Tiré piedras sobre mi propio tejado, el cual acabó cayendo sobre mí, entrentándome a una realidad que no quise aceptar. Y esa huída tuvo sus consecuencias.
Al poco de empezar el año, conocí a un inmenso grupo de personas con las que he estado compartiendo más momentos de los que me habría imaginado. Cambiaron mi presente y ojalá sigan cambiando mi futuro. Y el de mucha gente.
Tal y como reflexioné hace algunos días, prácticamente todas las personas con las que hablo a diario las he conocido este año. Ha sido, sin duda, un gran año de comienzos.
Fue el año del poder, me di cuenta de lo que puede hacer en las personas, de lo que podía hacer en mí. Fue el año de la revolución sexual, de las verdades a la cara, de la aceptación, pero también de la lucha. Fui testigo, y orgullosamente partícipe, de muchos grandes pasos. Descubrí que mi granito de arena podía formar un gran desierto. Me sentí mejor y me sentí dentro de una gran cadena de grandes acciones, que es la solidaridad. Porque cuando empiezas a interesarte por lo que te rodea, y empiezas a sentirte bien por tus actos, éstos te llevan a seguir hacia más y más caminos. Te llevan a querer resolver más y más problemas. Me sentí satisfecha, pero, afortunadamente, nunca conforme.
En el momento perfecto, cuando todo parecía caer por su propio peso y por mis supuestas malas decisiones, a mediados de agosto, tuve el placer de conocer a 8 personas con las que compartí, al igual que con las anteriores de febrero y marzo, más momentos felices de los que habría imaginado. 8 personas dispuestas a entablar conversaciones interesantes, eternas, amables. Inolvidables.
Fue el año en el que descubrí que no necesitas viajar miles de kilómetros para sentirte extremadamente lejos de tu hogar. De hecho, fue el primer año desde hacía varios, que no salí al extranjero y, sin embargo, en el lugar al que fui, llegué a sentirme realmente fuera de sitio. He cruzado mares y cogido aviones, he convivido con personas que, aún viniendo de exóticos países, me hicieron sentir querida, me hicieron sentir una más de su grupo. Pero este verano -no, pongamos distancia-... Aquel verano no fue así. El verano de 2012, recordado como el verano que me rompió en dos. O en tres... El verano del cubo de agua fría en la cara.
2012 fue el año en que verdaderamente me di cuenta de que las cosas pasan por algo porque NO sirve de nada arrepentirse si no sabes ponerle remedio en el futuro.
Las cosas pasan para que aprendamos de ellas.
No me arrepiento de nada de lo que hice en 2012. Nada. Porque sé que todo me sirvió para crecer, todo me hizo reflexionar. Me hizo más fuerte.
En 2012 tuve la "suerte" de conocer profundamente cómo eran muchas de las personas que me rodeaban, pero más intensamente, tuve el placer de conocerme a mí misma. Vi quién era yo, pero sobre todo, vi quién NO era.
Quiero quedarme con lo bueno, pero no olvidaré tampoco lo malo. Porque lo bueno trae felicidad, pero lo malo trae experiencia. Y 2012 fue el año de las experiencias. Fue el año de los trenes, del dubstep, de los grupos de whatsapp.
Fue el año del saco de dormir, en el que dormí aquella primera noche de enero, y el cual espero que siga acompañándome en muchas y mejores noches de este 2013.
La suerte es una actitud.
No esperes tu oportunidad, créala tú misma.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Our rainbow
"They say you die twice. One time when you stop breathing and a second time, when somebody says your name for the last time."
Banksy.
Banksy.
sábado, 20 de octubre de 2012
Suena "Cuando ya no estás"
Cuando ya no estás.
Me gustaría decirlo. Pero nunca estuviste.
La casualidad, como aquella mariposa de aquella canción que con 10 años no tenía más significado, la casualidad, ahora se presenta.
Y tiene nombre propio.
Y nadie más que yo, puede comprender, que aquello no fue una casualidad.
Podría empezar nuestra historia contando todo lo que me llevó a aquel taxi.
Todo lo que significó encontrar a alguien que vive a 1000 kilómetros. En el punto medio de las montañas que nos separan. Besándola.
Y besándola en un semáforo en rojo.
Nadie puede comprender como yo, que nada fue una casualidad.
Normal sería pensar que fue triste verlo dos segundos besando a otra persona.
Pero no.
Fue absolutamente mágico.
Porque aquel beso que echaría para atrás al resto de corazones conformistas y humildes, fue una ola, una brisa de aire fresco.
Porque tú nunca confiaste en ella tanto como te gustaría.
Porque los besos en los semáforos en rojo eran nuestra señal, nuestro momento. Y como todo, se acabaron. Y dejaron de ser nuestra señal porque dejamos de tener momentos.
Porque los besos en los semáforos en rojo no significan nada, si no hay un pasado o un presente o un futuro juntos. Y los recuerdos se rompen. Y las parejas también. Y algún día estaremos juntos. Y lo sabes. Lo sabes más que yo.
Sabes perfectamente que aquello, aquel beso, aquel taxi, no fue una casualidad.
Me gustaría decirlo. Pero nunca estuviste.
La casualidad, como aquella mariposa de aquella canción que con 10 años no tenía más significado, la casualidad, ahora se presenta.
Y tiene nombre propio.
Y nadie más que yo, puede comprender, que aquello no fue una casualidad.
Podría empezar nuestra historia contando todo lo que me llevó a aquel taxi.
Todo lo que significó encontrar a alguien que vive a 1000 kilómetros. En el punto medio de las montañas que nos separan. Besándola.
Y besándola en un semáforo en rojo.
Nadie puede comprender como yo, que nada fue una casualidad.
Normal sería pensar que fue triste verlo dos segundos besando a otra persona.
Pero no.
Fue absolutamente mágico.
Porque aquel beso que echaría para atrás al resto de corazones conformistas y humildes, fue una ola, una brisa de aire fresco.
Porque tú nunca confiaste en ella tanto como te gustaría.
Porque los besos en los semáforos en rojo eran nuestra señal, nuestro momento. Y como todo, se acabaron. Y dejaron de ser nuestra señal porque dejamos de tener momentos.
Porque los besos en los semáforos en rojo no significan nada, si no hay un pasado o un presente o un futuro juntos. Y los recuerdos se rompen. Y las parejas también. Y algún día estaremos juntos. Y lo sabes. Lo sabes más que yo.
Sabes perfectamente que aquello, aquel beso, aquel taxi, no fue una casualidad.
jueves, 13 de septiembre de 2012
The sunlight hurts my eyes
¿Qué es el amor y por qué contigo no me llega?
Puede que las otras veces no fuese real. Puede que ésta sea un error.
Me gustaba pensar que estaba enamorada. Cada cierto tiempo cambiaba, me volvía más y más exigente.
¿Ahora? Ahora ya no importa.
Cuando llegaste, no despertabas nada en mí y te fuiste abriendo hueco en mis pensamientos.
Creo que en el momento en que más espacio te tenía dedicado, justo en ese instante, se rompió.
Lo rompiste.
Sí, de hecho lo rompiste tú.
Ahora me mueve el interés. Por supuesto. Me engaño a mí misma y engaño a los demás, diciendo que estoy contigo porque me conviene. Porque me apetece.
Ah.
Me apetece.
Me gusta.
Es momentáneo. Y cuando te vas desaparece.
Antes era continuo. Pero ese antes ya no existe. Está hecho pedazos y esos pedazos se volvieron ceniza. Los hiciste ceniza tú mismo, otra vez.
Otra vez. Otra vez. Y esa vez fue la última vez.
Ahora ya no hay nada.
Nada.
Estás ahí cuando te necesito y estoy cuando tú me necesitas a mí.
Pero nada más.
La gente no lo entiende. Y lo van a entender mucho menos ahora.
Ahora que la enamoradiza no sabe lo que es el amor.
Ahora que escondo las cenizas de algo que podría haber sido muchas cosas antes de llegar a serlo todo.
Y se quedó en nada. Se acabó antes de empezar.
Hacíamos planes. Pero no me verás cometer ese error esta vez.
Si quieres hacer algo, te toca a ti pedirlo. Si quieres hacer planes, te toca a ti ilusionarte.
Yo me quedo aquí, me vuelvo a mi burbuja. La misma que rompí para ti.
No es cuestión de orgullo. Es ley de vida. Se han acabado tus oportunidades. Ahora todo lo que podemos ser es lo que somos. Tú y yo. Sin más. Sin adjetivos.
Nos dejó la inocencia
La primera versión de inconsciencia
Se perdió la sorpresa
La versión de un amor sin esencia
Comenzó la tristeza
La primera versión de la ausencia
Despertó la pereza
La versión de un amor que se aleja
Puede que las otras veces no fuese real. Puede que ésta sea un error.
Me gustaba pensar que estaba enamorada. Cada cierto tiempo cambiaba, me volvía más y más exigente.
¿Ahora? Ahora ya no importa.
Cuando llegaste, no despertabas nada en mí y te fuiste abriendo hueco en mis pensamientos.
Creo que en el momento en que más espacio te tenía dedicado, justo en ese instante, se rompió.
Lo rompiste.
Sí, de hecho lo rompiste tú.
Ahora me mueve el interés. Por supuesto. Me engaño a mí misma y engaño a los demás, diciendo que estoy contigo porque me conviene. Porque me apetece.
Ah.
Me apetece.
Me gusta.
Es momentáneo. Y cuando te vas desaparece.
Antes era continuo. Pero ese antes ya no existe. Está hecho pedazos y esos pedazos se volvieron ceniza. Los hiciste ceniza tú mismo, otra vez.
Otra vez. Otra vez. Y esa vez fue la última vez.
Ahora ya no hay nada.
Nada.
Estás ahí cuando te necesito y estoy cuando tú me necesitas a mí.
Pero nada más.
La gente no lo entiende. Y lo van a entender mucho menos ahora.
Ahora que la enamoradiza no sabe lo que es el amor.
Ahora que escondo las cenizas de algo que podría haber sido muchas cosas antes de llegar a serlo todo.
Y se quedó en nada. Se acabó antes de empezar.
Hacíamos planes. Pero no me verás cometer ese error esta vez.
Si quieres hacer algo, te toca a ti pedirlo. Si quieres hacer planes, te toca a ti ilusionarte.
Yo me quedo aquí, me vuelvo a mi burbuja. La misma que rompí para ti.
No es cuestión de orgullo. Es ley de vida. Se han acabado tus oportunidades. Ahora todo lo que podemos ser es lo que somos. Tú y yo. Sin más. Sin adjetivos.
Nos dejó la inocencia
La primera versión de inconsciencia
Se perdió la sorpresa
La versión de un amor sin esencia
Comenzó la tristeza
La primera versión de la ausencia
Despertó la pereza
La versión de un amor que se aleja
martes, 3 de enero de 2012
domingo, 1 de enero de 2012
¿Te vienes? ¿Te vienes ya?
Ya había twitteado hacía unos meses que en un mundo paralelo (o universo alterno, en su defecto), llevaría tatuado: "If anything goes wrong, Desmond Hume will be my constant."
@kariieOke me llevó a seguir pensando.
Las posibilidades son infinitas. Todo aquello que, por alguna horrible o estúpida razón, no hago... Infinitas, como digo.
Altísima. Y pelirroja. Aunque siempre tendría alguna parte del cabello morada. Y de ese mismo color llevaría unas lentillas.
La casa de techos infinitos. En el recibidor, "El beso", de Klimt, ocupando toda una pared.
Hay algo en el suelo. Meditaré sobre ello.
Feliz, feliz, feliz 1 de enero.
@kariieOke me llevó a seguir pensando.
Las posibilidades son infinitas. Todo aquello que, por alguna horrible o estúpida razón, no hago... Infinitas, como digo.
Altísima. Y pelirroja. Aunque siempre tendría alguna parte del cabello morada. Y de ese mismo color llevaría unas lentillas.
La casa de techos infinitos. En el recibidor, "El beso", de Klimt, ocupando toda una pared.
Hay algo en el suelo. Meditaré sobre ello.
Feliz, feliz, feliz 1 de enero.
martes, 7 de diciembre de 2010
Contemporáneo.
Para Alba, que había vivido hasta entonces sin oír hablar de pecados ni de modales de señorita, desconociendo el límite entre lo humano y lo divino, lo posible y lo imposible, viendo pasar a un tío desnudo por los corredores dando saltos de karateca y al otro enterrado debajo de una montaña de libros, a su abuelo destrozando a bastonazos los teléfonos y los maceteros de la terraza, a su madre escabulléndose con su maletita de payaso y a su abuela moviendo la mesa de tres patas y tocando a Chopin sin abrir el piano, la rutina del colegio le pareció insoportable. Se aburría en las clases. En los recreos se sentaba en el rincón más lejano y discreto del patio, para no ser vista, temblando de deseo de que la invitaran a jugar y rogando al mismo tiempo que nadie se fijara en ella.
miércoles, 6 de octubre de 2010
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